Es innegable que la llegada de Febrero a la ciudad de Rancagua y en especial al mundo celeste tiene un aire de melancolía, recuerdo y por sobre todo de emotividad. Por más que han pasado los años el recuerdo está latente en cada pulmón de la ciudad de Rancagua en el fatídico accidente donde 16 de nuestros amigos y compañeros de camino alentando al color de nuestros amores emprendieron el viaje a la eternidad para alentar en la tribuna más alta en el cielo.
Estas líneas están cargadas de emotividad, por ellos que no están, pero siguen más vivos que nunca en el recuerdo y en el corazón de quienes los pudieron conocer y pueden hablar de ellos. Nuestro abrazo más apretado que nunca para sus familias uniéndonos en el recuerdo fresco de cada historia, de cada rostro y de cada vida de nuestros cofrades.
A O’Higgins lo hace grande su gente, sus socios, hinchas y simpatizantes, lo más valioso que puede tener esta institución son las personas. Más allá que la empresa deportiva busque grandes logros para que todos estemos contentos, no debe olvidar que la grandeza está en los testimonios vivos de la historia como son sus socios fundadores, las diversas barras que alientan a la Celeste donde vaya. También están las generaciones más jóvenes que se fueron empapando de los abuelos y sus padres a través de historias de gloria y muchas lágrimas de las derrotas, descensos y con momentos donde el club por poco desaparece. Y también hay otros hinchas que abrazaron este color por trabajo, por un cambio de región o simplemente porque otros los convenció que era la mejor idea del mundo, conozco a muchos de esos y ni ellos pueden explicar esa sensación.
Como cada 09 de Febrero conmemoramos y por más que pasen los años el luto está presente no solo en la camiseta y en las banderas sino que también en el alma de quien siente esta tragedia como si le arrebataron a uno de los suyos, en el fondo nos unimos en este dolor porque nosotros conocemos a alguno de ellos que están presentes en los lienzos y en cada cántico todos los fin de semanas. Los lloramos y acompañamos en una liturgia conmovedora en el antiguo estadio El Teniente, pero ahora y con el don de la fe que nos mantiene con esperanza que en algún momento nos volveremos a reencontrar, por lo mismo hoy con un corazón grande queremos agradecer el paso de cada uno de ellos en nuestra vida y porque con deseo y libertad quisieron elegir el color más lindo del mundo y dejar realmente la vida como un verdadero hincha de fútbol. Como dice el cántico de hinchadas: cuando me muera yo quiero que mi cajón, me lo pinten celeste, como mi corazón, ese es el mayor orgullo para un hincha que vibra con su equipo que en la estadísticas ha pasado más penas que triunfos, pero que nunca renunciará a una pasión que no se sostiene por copas sino por la pasión futbolera.
Su recuerdo sigue vivo por más que no estén con nosotros, están en cada rincón de nuestras poblaciones, en cada espacio del estadio y en la calidez de su gente. Que no se pierda el respeto por nuestras tradiciones y porque somos todos parte de esta gran familia en donde todos tenemos un espacio en esta mesa fraterna para compartir las alegrías, recuerdos, emociones, descenso, pero nunca, nunca, te dejaremos Celeste querida.
Yo te quiero con locura y pasión.
Te llevo en el alma, tatuaje en la espalda y en el corazón.
Yo te quiero, no te defraudaré.
En las buenas y malas, si pierdas o ganas, te seguiré.
(Locura y pasión – Santaferia)
Juan Pablo Méndez
Panelista Locos x El Capo
