La temporada 2025 dejó certezas importantes en O’Higgins: más allá de los resultados, el equipo construyó identidad alrededor de perfiles que dieron equilibrio, carácter y fútbol en momentos decisivos. En esta radiografía no buscamos listar nombres por listar, sino entender por qué ciertos jugadores impactaron el rendimiento y, desde ahí, proponer criterios claros para la continuidad en 2026. La clave es preservar la columna vertebral que sostuvo el plan de juego, blindar posiciones sensibles y, al mismo tiempo, abrir espacio a la proyección de juveniles que ya demostraron estar cerca del nivel competitivo que el “Capo de Provincia” exige.
El arco y la primera salida. El guardameta fue pieza de estabilidad durante el año: lectura de centros, valentía en el mano a mano y, sobre todo, una mejora en el juego con los pies que permitió activar la salida limpia bajo presión. Cuando O’Higgins debió construir desde atrás, el pase tenso al mediocentro y los cambios de orientación hacia los laterales evitaron despejes largos sin sentido. Para 2026, el perfil a retener en la portería es el de un arquero que combine determinación en el área con serenidad para iniciar ataques. Si el titular cumple con esos estándares, debe seguir; si no, es la primera ficha a reforzar porque condiciona todo el andamiaje.
La zaga: sincronía y duelos. La dupla de centrales marcó diferencias cuando sostuvo bien la espalda de los laterales y ganó duelos frontales lejos del arco. El defensor de perfil diestro que domina el anticipo y el zurdo con mejor salida formaron un tándem funcional: uno agresivo, otro más lector. El déficit apareció cuando el bloque se hundió demasiado o las coberturas tardaron en cerrar el segundo palo. De cara a 2026, deben continuar los zagueros que: (1) ganan más del 60% de duelos aéreos, (2) cometen pocas faltas cerca del área y (3) progresan con pase vertical sin pérdidas innecesarias. Si uno de los titulares no cumple dos de esos tres puntos, la dirección deportiva debe acudir al mercado por un central dominante.
Laterales con recorrido inteligente. Los laterales fueron determinantes para ensanchar el campo y, a la vez, para sostener la presión tras pérdida. Cuando el equipo estuvo fino, el lateral del lado débil atacó por sorpresa y el del lado fuerte ocupó alturas intermedias para ofrecer línea de pase. El debe estuvo en la defensa del segundo palo y en cerrar diagonales de extremos veloces. 2026 exige retener laterales que filtren pases interiores, lleguen a línea de fondo con criterio y acumulen intercepciones por lectura, no sólo por físico. Un lateral que suma asistencias y reduce centros rivales es patrimonio deportivo: debe seguir.
El mediocentro: ancla y brújula. El “5” fue el metrónomo del equipo. Su inteligencia para orientar el juego, administrar ritmos y cubrir espaldas de interiores dio sentido a la propuesta. Cuando él estuvo inspirado, O’Higgins circuló, aceleró y encontró ventajas entre líneas; cuando faltó, el equipo partió en dos. Es la renovación más prioritaria: un mediocentro con lectura táctica, capacidad de giro bajo presión y quite limpio vale puntos. Si además aporta golpeo de media distancia y liderazgo silencioso, el 2026 debe construirse alrededor de su continuidad. Si existe riesgo de salida, se debe fichar un perfil similar antes del inicio de la pretemporada.
Interiores mixtos: energía con pase vertical. La temporada elevó el valor de los interiores que combinan recorrido, recuperación y pase filtrado. En su mejor versión, estos jugadores rompieron líneas con conducción, temporizaron para la subida del lateral y pisaron el área para sumar gol. En su peor versión, perdieron pelotas en salida y llegaron tarde a la presión. De cara al próximo año, deben seguir quienes muestren: volumen de ida y vuelta, al menos una contribución directa a gol cada tres partidos (gol o asistencia) y disciplina táctica para bascular. Si uno de los interiores se queda corto, un fichaje en esa zona multiplica el rendimiento del “9” y del extremo opuesto.
Extremos: amplitud, diagonales y eficacia. El equipo creció cuando los extremos alternaron pie natural para centro y pie cambiado para diagonal, atacando el espacio entre lateral y central. La doble función —fijar por fuera y finalizar por dentro— potenció la amenaza del último tercio. El punto débil fue la toma de decisiones en el penúltimo pase y la irregularidad en la presión posterior a pérdida. 2026 demanda retener a los extremos que: superan rivales en el uno contra uno, registran volumen de remates por partido y dan retorno defensivo alto. La continuidad de un extremo con gol es tan valiosa como la de un central dominante.
El “9”: referencia y descargas. El delantero centro condicionó planes rivales cuando fijó centrales, ganó segundas jugadas y atacó primer poste. En varios tramos, su trabajo sin balón habilitó llegadas de interiores y laterales. El déficit apareció en la definición de partidos cerrados y en los apoyos de espaldas cuando la marca fue agresiva. ¿Debe seguir? Sí, si su tasa de conversión es competitiva y si ofrece descargas limpias para activar al mediapunta. Si no, el mercado debe buscar un perfil con desmarque de ruptura y mejor primer toque.
Juventud y proyección. Varios juveniles sumaron minutos y dejaron señales positivas: personalidad, intensidad y entendimiento del plan. En 2026, el club debería sostener un carril de desarrollo con objetivos medibles: minutos proyectados, roles situacionales (cerrar partidos, iniciar en copas) y tutoría de referentes por puesto. La continuidad de los canteranos que ya compiten a buen nivel no sólo reduce costos, también consolida pertenencia y conexión con la hinchada.
Conclusión: mantener la columna y afinar el resto. El 2025 de O’Higgins confirmó una estructura reconocible: arquero confiable, centrales complementarios, laterales con ida y vuelta, mediocentro organizador, interiores mixtos, extremos desequilibrantes y un “9” que condiciona defensas. La recomendación es clara: renovar a quienes sostienen esa columna, sumar uno o dos titulares diferenciales en zonas críticas (eje defensivo o último tercio) y completar el banco con perfiles específicos para cambiar partidos. Con esa ecuación, el “Capo de Provincia” llegará a 2026 con continuidad competitiva, variantes tácticas y un vestuario convencido de que el siguiente paso —pelear más arriba— depende de detalles, no de revoluciones.